jueves, 15 de marzo de 2012

Destrucción completa en menos de 40 segundos


  El LZ 129 Hindenburg fue un dirigible alemán tipo zepelín. Los dirigibles son aerostatos autopropulsados con capacidad de maniobra para ser manejado como una aeronave. La sustentación aerostática se logra mediante depósitos llenos de un gas de menor densidad a la atmósfera circundante, a través del Principio de Arquímedes.



 Este zepelín estaba completamente hecho de duraluminio.  Ha sido la aeronave más grande jamás construida con 200.000  de gas,  245 metros de largo y 41 metros de diámetro. Alcanzaba una velocidad máxima de 135 km/h. 

  Se construyó con algodón, barnizado con óxido de hierro y acetato-butirato de celulosa impregnado de polvo de aluminio. El polvo de aluminio y el óxido de hierro forman una mezcla llamada termita, la cual es un tipo de composición pirotécnica de aluminio y un óxido metálico. El aluminio es oxidado por el óxido de otro metal, comúnmente por óxido de hierro. Los productos de la reacción química son: óxido de aluminio + hierro elemental libre y una gran cantidad de calor, por lo
que la termita es altamente inflamable.



Se diseñó para ser llenado y elevado con Helio, que es un gas inerte, no inflamable, pero un embargo del ejercito de EEUU  de este elemento obligó a los alemanes a  adaptarlo para usar Hidrógeno, el cual es el gas más inflamable conocido. Los alemanes tenían un gran dominio del uso de este gas. Aún así, para mayor seguridad, se trató la envoltura del dirigible para que no acumulara electricidad estática y saltaran chispas


  El 6 de mayo de 1937 a las 19:25, el Hindenburg  partía de Nueva Jersey. Ya había largado los amarres y se acercaba a la torre, cuando se observó a popa un destello de fuego de San Telmo (pequeñas chispas o descargas eléctricas minúsculas que saltan de los objetos punzantes y metálicos, todos aquellos objetos buenos conductores de la electricidad empiezan a desprender pequeños chasquidos) puesto que había tormenta y en el aire había carga eléctrica

  Repentinamente, se prendió fuego en la parte superior de la popa, extendiéndose casi instantáneamente por todo el dirigible mientras la estructura caía lentamente sobre los pasajeros que saltaban desde una altura de 15 m y marinos que ayudaban en las maniobras. Quedó destruido por completo en menos de 40 segundos.


  A pesar de lo impactante del desastre, de las 97 personas que había a bordo solo 35 murieron, la mayoría de ellas quemadas o aplastadas bajo la estructura. En concreto, de los 36 pasajeros y 61 personas de la tripulación, 13 y 22 personas murieron, respectivamente. Muchos de los tripulantes y pasajeros se salvaron gracias a la rotura de los tanques de agua, que cayó sobre ellos, salvándolos de las llamas. 




  Recientes investigaciones han sugerido que el fuego, aunque causado principalmente por el hidrógeno del dirigible, pudo haberse visto favorecido por el revestimiento del Hindenburg a base de nitrato de celulosa (pólvora) impermeabilizado y protegido con termita. Esto aceleraría el fuego, pudiendo alcanzar específicamente temperaturas de hasta 3.000 °C.

"Las dantescas imágenes de pasajeros saltando del coloso en llamas, el infierno y el horror desencadenados en tan breve tiempo y la desgarrada narración radiofónica del locutor Herbert Morrison retransmitiendo el dantesco espectáculo que estaba presenciando dieron la vuelta al mundo generando una enorme desconfianza y rechazo a este tipo de transporte. Tras el desastre del Hindenburg se inicio una investigación sobre lo ocurrido que termino con la orden de Adolf Hitler de cerrar la flota de dirigibles comerciales".



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